miércoles, 2 de diciembre de 2009

Las cosas son como son


Nos empeñamos en etiquetar todo lo que llega a nuestras manos, todo lo que escuchan nuestros oídos y todo lo que nuestros ojos abarcan. Las cosas no son fáciles o difíciles, son lo que son; y si se puede, se resuelven y si no, se aceptan sin que dejen la herida de la frustración, que diría Ramiro Calle.

No tiene por qué haber verdades ocultas, segundas intenciones, palabras con doble sentido, NO. Lo que es, es y no hay más; el resto, somos nosotros quienes lo ponemos. No siempre tenemos una finalidad en todo lo que hacemos. Nos empeñamos en dar sentido, nuestro sentido, a todo lo que ocurre a nuestro alrededor y luego decimos cuando nos dan una respuesta que no concuerda con nuestra propia impresión o juicio: “no es verdad, porque yo en su situación...”

Os dejo una historia zen que explicará mejor que yo, todo esto.

Tres amigos salieron de excursión. Iban caminando cuando a lo lejos, en la cima de una montaña, vieron a un hombres sentado. Uno de los amigos dijo:

-Ese hombre debe de estar perdido.
-No. Seguro que está esperando a alguien.
-Pues yo creo, dijo el tercero, que no se encuentra bien.

Iniciaron una acalorada discusión, ya que todos querían convencer al otro de que lo que ellos pensaban, era más acertado. Al final, decidieron acercarse al hombre y preguntarle:

-Señor, ¿se ha perdido?
-No, no me he perdido.

-Seguro que está esperando a alguien
-No, no espero a nadie.

-¿Veis? Tenía yo razón. ¿A que se ha puesto enfermo?
-No, estoy bien.


Sorprendidos e intrigados los tres amigos, le preguntaron al unísono: Entonces, ¿qué hace aquí? Y el hombre contestó muy tranquilo: "Estoy".